Juan Sánchez Miño volvió a tener una gran actuación, esta vez como titular. Metió un gol de tiro libre y fue observado por Alejandro Sabella, el DT de la Selección Argentina.
Acomoda la redonda en el pasto, mide la distancia, apunta, dispara y sale corriendo con la boca abierta gritando a los cuatros vientos su gol. Lo abrazan sus compañeros, Sabella se ríe y se muestra feliz en un palco de la Bombonera, y de algún lugar de la cancha se escucha como corean el final de su apellido. Olé, olé, olé, Miño, Miño, son los primeros acordes que pertenecen al autor del tercer gol frente a Independiente. Juan Sánchez Miño es el nombre completo de un jugador “diferente”. Un nuevo diferente.
El control de la zurda que inventa buen fútbol, el panorama veloz para jugar con sus compañeros, el temple como producto de una experiencia que no tiene y el esfuerzo de un joven que recién empieza, producen un nuevo ejemplar de la cantera Xeneize para imitar. Porque Sánchez Miño es un jugador que merece tener la oportunidad de crecer, para poder triunfar y después enseñar cómo se puede jugar a la pelota.
Su nombre suena para la Selección y para una nueva convocatoria que hará Alejandro Sabella. Pero no existen confirmaciones sobre que eso vaya a suceder. Lo que sí está claro es que si Sánchez Miño tiene la posibilidad de vestir la celeste y blanca, el pueblo Xeneize está obligado a sentir una inmensa alegría. Recién empieza el camino de este volante que mantiene la humildad dentro y fuera del campo de juego, y que tiene mucho más futuro que pasado.
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